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DIÁBOLUS IN MÚSICA

Andrés Ortiz-Osés

 

DIÁBOLUS IN MÚSICA

 

La buena música busca la pena

que nos devora (Stendhal):

para devorarla (AOO). 

 

Hay un diablo en la música

que la devuelve a tierra de su gloria celeste

aterrizaje forzoso de la armonía en la disarmonía

tritono o intervalo estridente del diablo entrometido.

 

El diablo en la música es una escala

que no escala arriba sino abajo

un acorde discorde o discordante

de la beatería boba bobalicona

en nombre de la crítica y la antinomia

del inframundo infausto.

 

Sin el diablo la música sería pía

consonancia divina y trascendente

celestial y manida

con el diablo la música incorpora

el cuerpo y sus flujos o fluidos verdinegros

al blanco impoluto de espíritu en vela.

 

Hay un diablo en la música en la vida

en todo el universo diverso disperso y perverso

hay un diablo en todo lo que existe y resiste

porque el diablo ofrece resistencia

al viejo Dios fascista e inmutable

desde sus propios márgenes.

 

Hay un diablo en todo y en todos

incluido yo mismo

un duende daimon o demon diablesco

no necesariamente demonio diabólico

luciferino y satánico

un demonio socrático y un diablillo interno

que tensiona mi alma como arpa de Harpo.

 

Sin el diablo dios sería un dios ocioso

la vida un aburrido jardín del Edén

y el hombre un animal vegetal que vegeta en la nada

porque el diablo es quien tensa la existencia

combando su consistencia en disidencia.

 

El diablo es Dioniso que tienta al sobrio Apolo

Mefistófeles tentando a un Fausto abotargado

el pesimismo lúcido y lúdico frente

al optimismo beatífico y tonto

el estupor que nos saca de nuestro sopor

y el dolor de una vida que la muerte amortigua.

 

Es tal diábolo el que lleva a dios hasta encarnarse

y a la verdad a aterrizar en tierra

porque hay un diábolo en todo lo que aún vibra

un acorde disonante que deniega el acuerdo

consonante angélico e ingenuo melopeico y necio.

 

Sin el diábolo el ser sería un armazón compacto

sin el diábolo yo no tendría el aguijón del demon

sin el diablo tú no tendrías el amor que te tengo.

 

Se trata por lo tanto de un diablo más bien diablesco

el cual es un ángel caído en la desgracia

de un dios celoso hasta la muerte y la melancolía.

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