¿Estoy en una secta?
¿Estoy en una secta?

¿Estoy en una secta?

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El libro es sorprendente, pues rompe con los modelos tradicionales que se aplican cuando se investiga sobre las sectas.

Un modelo tradicional lo encontramos cuando nos hablan sobre la historia de las sectas, nos describen su organización, su pensamiento, la composición social, y por ello, el autor determina que son sectas.

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Descripción

El libro es sorprendente, pues rompe con los modelos tradicionales que se aplican cuando se investiga sobre las sectas.

Un modelo tradicional lo encontramos cuando nos hablan sobre la historia de las sectas, nos describen su organización, su pensamiento, la composición social, y por ello, el autor determina que son sectas.

Pero existe otro modelo que nos dice que todo lo que no es mi Iglesia es secta, o hermanos equivocados; este modelo plantea la crítica ideológica y religiosa hacia otras organizaciones religiosas.

Superando ambos modelos, el autor aporta un estudio riguroso, con aclaración de términos, sobre el fenómeno sectas.

El autor plantea que junto a la racionalidad nació la espiritualidad y ello fue así porque el ser humano se hizo preguntas para encontrar las respuestas sobre el más allá, la existencia de fenómenos naturales a los que dio la categoría de divinos y de esta manera, entendía que la lluvia se producía porque había un Dios que traía la lluvia o la reflexión sobre la muerte.

Aporta el autor, que los movimientos espirituales perniciosos son aquellos que hacen perder parte de la libertad y la responsabilidad, mientras que el grupo religioso no pernicioso hace posible que la persona sea más consciente, más libre y más capaz de su propia autodeterminación; en cierto sentido hacen del hombre libre, un hombre más libre.

Que la proliferación de las sectas religiosas en nuestro mundo occidental es un hecho constatable, constituye una evidencia que nadie en nuestros días podría negar. Únicamente hemos de fijarnos en nuestro propio país, sin ir más lejos, o en los vecinos de nuestro entorno de la Unión Europea para comprobarlo in situ.

Que la existencia de las sectas y su exagerada multiplicación apuntan a la constatación de un vacío que necesita ser colmado, nadie podría negarlo. Pero que, al mismo tiempo, generan graves alteraciones, incluso daños permanentes, en individuos, familias y colectividades, tampoco. Como en ocasiones se ha señalado, las sectas ofrecen a las personas sencillas emociones y sentimientos religiosos en ocasiones desbordados que no se encuentran en las religiones socialmente bien establecidas, y que a la postre, pueden resultar contraproducentes; y en las personas más inquietas, más reflexivas, suscitan preguntas, ocasionalmente muy profundas, que luego no saben, o no pueden (¡o peor, no quieren!) responder, con las consecuencias que de ello se pueden derivar.

Sea como fuere, el mundo de las sectas no podría en nuestros tiempos actuales dejar indiferente a nadie. De hecho, no lo deja. Basta con comprobar sus apariciones, no muy abundantes y siempre con fuertes tonos negativos, en los medios de comunicación.

Las sectas suponen todo un desafío para el cual la sociedad no siempre está bien preparada —¿Lo habrá estado alguna vez?, cabría cuestionarse—. En los estados de tradición democrática ignorarlas es siempre la solución más fácil, pues conduce a una cómoda marginación, una relegación del elemento molesto a espacios o áreas que se pueden muy bien ningunear, pero ello no soluciona nada. Los regímenes políticos dictatoriales han preferido siempre ejercer contra ellas su método favorito, la represión, equiparándolas a cualquier movimiento político, social o ideológico subversivo o adverso a la doctrina oficial del estado, pero, a decir, verdad, cárceles y campos de concentración han contribuido más al crecimiento y difusión de este tipo de movimientos religiosos que a su disolución; como decía un amigo nuestro muy querido, “los mártires se venden bien”.

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Rubén Legidos

Rubén Legidos es natural de la ciudad de Almansa, en la Provincia de Albacete (España). Ha realizado sus estudios teológicos en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. Su vocación: ser un sempiterno theologia studere, tal y como lo definía F. Schleiermacher. Sus investigaciones aspiran a ser de utilidad para todo aquel que quiere adentrarse en las cuestiones de la espiritualidad, siempre desde un punto de vista particular y perspectiva libre, pues todo dogmatismo, en palabras del autor, está en contra de la verdadera fe.

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