La imagen de la eternidad
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La imagen de la eternidad

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En el libro que ahora presenta al lector, La imagen de la eternidad. Prolegómenos para una estética teológica, resulta evidente su profundo misticismo, lo que le permite entender y sentir a Dios como amor y belleza, y su capacidad para valorar la obra de infinidad de autores y desentrañar en el texto bíblico aspectos que por lo general resultan inadvertidos. Su método didáctico es “tramposo”: da a conocer sucesivamente lo dicho por otros autores, y de forma sutil, nos conduce por caminos en que se revela su pensamiento propio, sin nunca llegar a decir de forma tajante e impositiva: yo opino.

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Descripción

En el libro que ahora presenta al lector, La imagen de la eternidad. Prolegómenos para una estética teológica, resulta evidente su profundo misticismo, lo que le permite entender y sentir a Dios como amor y belleza, y su capacidad para valorar la obra de infinidad de autores y desentrañar en el texto bíblico aspectos que por lo general resultan inadvertidos. Su método didáctico es “tramposo”: da a conocer sucesivamente lo dicho por otros autores, y de forma sutil, nos conduce por caminos en que se revela su pensamiento propio, sin nunca llegar a decir de forma tajante e impositiva: yo opino.

En toda su obra y en el dialogo diario con quienes hemos tenido el privilegio de conocerlo, Adolfo Ham se revela tal cual es: un místico moderno, con increíble capacidad de apreciar lo mejor en las distintas culturas y corrientes de pensamiento, de lo que resulta una teología abierta y macroecuménica.

Su nuevo libro resultará provocativo para muchos, puesto que expresa rompimiento con el ambiente religioso protestante.  La teología reformada,  nos legó criterios anti-litúrgicos, anti-rituales y aversión a las imágenes religiosas, entendidas estas como abominable idolatría, prohibida expresamente en los dos primeros mandamientos del Decálogo (Ex 20.1-17). A esto hay que sumar que el protestantismo ha sido radical contra el uso de imágenes de contenido religioso, utilizando el criterio de que es idolatría como argumento para arremeter contra la Iglesia Católica, y con esto justificar nuestra presencia como iglesias en un país que ya había sido cristianizado. Frente a esto, Adolfo ha reflexionado.

La defensa al uso de las imágenes hecha por Adolfo en este su nuevo libro, con fuerte basamento bíblico e histórico, es por ello de alto valor para todo el protestantismo y, en especial, para los que hemos sido formados con fanática intolerancia.

Los evangelistas Marcos, Mateo y Lucas, bajo la influencia del pensamiento paulino, proclives a no expresar ideas que pudieran ofender al Imperio Romano, redujeron los mandamientos a solo seis: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre y amarás a tu prójimo como a ti mismo (Mr 10.19; Mt 19.18-19, Lc 18.20). Los dos primeros mandamientos del Decálogo fueron eliminados. Oponerse a la adoración de imágenes implicaba enfrentamiento al culto oficial y peligrosa coincidencia con los reclamos de los patriotas nacionalistas judíos, quienes esgrimieron, como pretexto para el no pago de tributos, que las monedas tenían grabadas la imagen del César.

En el libro, Ham recoge la posición sostenida de Padres de la Iglesia que se expresaron de forma contraria a las imágenes durante los siglos II y III, antes de que el cristianismo fuera adoptado como religión por Constantino, entre ellos Justino y Tertuliano.

Una vez convertido el cristianismo en religión del Imperio, poco a poco se fue aceptando la pintura, pero no la escultura. Una vez que los cristianos dejamos de ser perseguidos para convertirnos en persecutores, miles de estatuas fueron destruidas por personificar a dioses ajenos o simplemente por representar desnudos. Ahora condenamos a los extremistas islámicos por destruir patrimonios de la Humanidad, pero en esa época quienes actuamos como vándalos fuimos los cristianos. En Egipto, como no era posible destrozar figuras esculpidas sobre la piedra, simplemente se les desfiguró rompiéndoles las narices. Lamentablemente los protestantes somos herederos de tan funestas prácticas. De ahí el alto valor de la obra que, eludiendo palabras fuertes, con su habitual modestia, pero con sólidos argumentos y profundidad de ideas, ahora nos regala el gran amigo Adolfo Ham.

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Adolfo Ham Reyes

Adolfo Ham Reyes, nació en Santiago de Cuba en 1931. Es filósofo, teólogo y pastor presbiteriano-reformado. Profesor de la Cátedra de Filosofía e Historia del Seminario Evangélico de Teología de Matanzas. Entre sus obras teológicas, se distinguen los libros Historia y poder. Comentario sobre el libro de Reyes, Praxis teológica y Capítulos de una historia de amor. Místicos del amor.

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